Domingo de Ramos- ¡vamos! ¡vamos! Placentinos sacad palmas y ramos; que el Señor Jesus a lomos de un borriquillo va derramando su gracia por la Plaza de la Catedral.
Lunes Santo- lunes de Pasión, pasión de Nuestro Señor, que se eleva al cielo.
¡Otra chicota de oro! ¿Quién lo lleva? Cuadrilla para un museo donde la Fe es arte. Y un Palio de plata y oro se mece gracioso por la calle Zapatería.
Martes Santo placentino, por tus vetustas calles repicotean lejanos los cascos de los caballos de la Policía Nacional que escolta a su Cristo y a esa Flagelación ¡sayón tirano y escriba! Que con rabia hiere a Nuestro Señor por la calle del Rey arriba.
Por fin Miércoles Santo, tu Catedral Plasencia se adorna. Hoy sale a la calle "el Nazareno” con su túnica morada, las espinas de tu frente se convierten en rosas por la calle Ancha y silencio, silencio de buen cofrade, silencio y basta.
Jueves Santo- y Plasencia en su gran fiesta recibe a la Santa Cena, blanco y rojo, pan y vino, eucaristía y amor de Madre.
En la lejanía ya aparece por la calle Blanca la Hermandad de la Vera-Cruz, tan antigua como las piedras que pisa, tan joven como el corazón de sus cofrades. Y ese Cristo que contempla la Cruz de su martirio con el dogal al cuello, nos perdona.
A todos con la Cofradía de la Venerable Orden Tercera y su Cristo del Perdón que mira hacia el cielo.
Viernes Santo, ¡Madrugada!, El Cristo de la Buena Muerte, es mecido por humildes corazones envueltos con hábitos de estameña franciscana, tañer lloroso de la campana.
¡No llores! Abuelo Mayorga que cerca Está ya el triunfo de la fé.
Viernes Santo- Dia de dolor, de muerte, pero un mar de capas blancas llenan de esperanza a la Virgen de Las Angustias, no llores madre por el Rincón de San Esteban, pues cerca está ya el triunfo de la fé.
Sábado Santo- y Cristo muerto en Plasencia, es honrado con tricornios de Charol. El honor es la divisa de los hombres que te llevan y que al llegar a Santo Domingo rezan la Salve con la Soledad, pues por las sierra del Puerto se ha ocultado la luna que no quiere ver al supremo hacedor muerto y enterrado y espera al hermano sol para que llegue el Domingo.
Domingo de Resurrección- no hay pasión sin resurrección, ¡sacad! Las mejores galas y compañeros a la virgen del Rosario, a la Madre de Dios. ¡Que contenta! Como se mece al son de los campanilleros. ¡Alegrad el corazón placentinos! Jesús ha resucitado en Plasencia y en la puerta del Ayuntamiento vuelan palomas blancas que le cuentan al oído al Abuelo Mayorga la buena Nueva y Mayorga le responde.
Solo quedan 365 días para la próxima Semana Santa
Agustín Clemente
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PRIVILEGIO DEL ALCALDE DE PLASENCIA
UN CURIOSO PRIVILEGIO DEL ALCALDE DE PLASENCIA
Periódico "El Regional” - martes 14 de marzo de 1967
La extraordinaria afluencia de fieles a los cultos solemnes de la Semana Santa en la Catedral de Plasencia hace que sea conocidísima la costumbre de comulgar el Jueves Santo el Alcalde de la ciudad emparejado con uno de los Canónigos. Se trata de un privilegio singular que tiene incluso episodios pintorescos en su historia.
La Sagrada Liturgia prescribió siempre que los seglares comulgaran después que los clérigos. Y así lo sigue ordenando. No obstante el Presidente de la Corporación Municipal comulga el Jueves Santo apenas lo han hecho los Canónigos que ofician en el Altar y acompañado del más caracterizado de los que están en el Coro. Este privilegio va unido a la concesión de otros dos de menos relieve: el recibir una llave del Sagrario del Monumento y acercarse a adorar la Cruz el Viernes Santo después de los Canónigos y acompañado del más antiguo de los Beneficiados.
No he podido encontrar documentos fehacientes del comienzo de lo que tal vez al principio fue tan solo una devoción más o menos antilitúrgica. Pero era costumbre inmemorial cuando a fines del siglo XIX un Obispo ejemplar - Casas y Souto - la creyó una corruptela inadmisible y en Santa Visita Pastoral mandaba al Deán en octubre de 1880 que de no existir el privilegio de que se venía usando se diera cortés aviso - al Alcalde – para que no se presentara a recibir la Comunión sino después de todo el Clero y que igualmente dejara de hacérsele entrega de la llave del Monumento.
O el aviso no fue cortés o hubo excesiva susceptibilidad o las pruebas no estaban claras, lo cierto es que en alborotada sesión municipal de enero de 1881, el Ayuntamiento acordó no volver corporativamente a la Catedral mientras no se reintegraran al Alcalde los derechos de que siempre había disfrutado en la Semana Mayor. El acuerdo no se comunicó al Cabildo hasta el miércoles santo y aquel año se suspendió la tradicional costumbre con comentarios para todos los gustos. Y a los pocos días una pintoresca consecuencia. El Cabildo, como todos los años, organizó, cumpliendo una Real Orden, solemnes funerales en la Catedral por los muertos del 2 de mayo de 1808 y, como siempre, invitó al Ayuntamiento. Contestó éste excusándose en cumplimiento de su acuerdo. A la vez enviaba al Cabildo atenta invitación para el funeral que la corporación había organizado para el mismo día y a la misma hora en la parroquia del Salvador. Estaba al frente de ella el tristemente célebre Cura Mora. Las actas de la época no registran en que dirección se volcaron los patriotas para rogar por los héroes de la Independencia.
Volvamos al privilegio del Alcalde. Las cosas no podían continuar así. Se acudió a Roma exponiendo los hechos. Todos tenían interés en la solución cordial. La petición elevada a la Santa Sede fue debidamente informada por el Prelado. Y en junio del mismo año, exactamente el día 14, en sesión extraordinaria y jubilosa el Ayuntamiento revocaba el acuerdo tomado en enero por haberse recibido un Rescripto favorable de la Sagrada Congregación de Ritos fechado el 15 de mayo de 1881. En el se faculta al Alcalde de Plasencia para comulgar el Jueves Santo con el Canónigo más autorizado de los oficiantes. También a recibir una llave del Sagrario del Monumento siempre que esta no sea la real sino una simbólica.
Exceptuados los años de laicismo oficial ningún Alcalde ha olvidado tan singular y honroso privilegio.
De D. Manuel Sanchez Mora.
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SEMANA SANTA SIGLO XVI
DOMINGO DE RAMOS PLACENTINO EN EL SIGLO XVI
Periódico “El Regional - martes 28 de mayo de 1961.
(Para el M. I. Sr. D. José Javier Echegaray, diligente Prefecto de Ceremonias de la S. I. Catedral)
Se conserva en nuestro Archivo un Misal propio para la Diócesis de Plasencia. Faltan las primeras hojas donde constaría la fecha y el lugar de la edición, pero los folios manuscritos en pergamino acreditan que se trata del introducido por el Obispo Vargas Carvajal a su vuelta del Concilio de Trento. Había ido allí con el Magistral, Dr. Porras, para asistir a las sesiones de la memorable Asamblea y preocuparse de la publicación del Misal Diocesano.
Son notables las particularidades litúrgicas contenidas en el mismo; no figurarían en este solo, pero algunas estaban todavía sin insertar en el Misal Romano.
Hablemos hoy del Domingo de Ramos según la liturgia placentina del siglo XVI.
Aquel Domingo que se llamaba “de los Ramos de las Palmas” distinguía perfectamente los dos aspectos de la solemnidad: el triunfo de Jesús en la entrada de Jerusalén y el pórtico de la Semana Santa.
Recordemos que las funciones litúrgicas consistían entonces casi el único espectáculo que el pueblo contemplaba. Era además muy de la época teatralizar en las distintas solemnidades los Misterios de la Religión.
En nuestra ciudad, según el Misal referido, se adornaba la Catedral como en los días grandes. Cantada Prima se bendecían los ramos por el Obispo, revestido de pluvial blanco y de cara al pueblo.
La bendición consta de una plegaria y un largo prefacio con alusiones a los olivos que aparecen en la Biblia y al óleo que de ellos se produce. Termina suplicando protección para cuantos lleven e sus casas los ramos bendecidos. Ya entonces se hizo costumbre conservar las palmas y los ramos como sacramental adornando los balcones y las ventanas. Se les atribuía especial virtud en las tormentas.
Se distribuían luego los ramos y de hacía la procesión coral como todos los domingos. Después se cantaba Tercia y el Evangelio de las palmas. Un fraile predicador sermoneaba a los fieles.
Bajado el fraile del púlpito se organizaba la solemne procesión de triunfo y adoración de la Cruz, ceremonia que tenía extraordinario destaque con ruidosa participación popular y de los numerosos forasteros que acudían.
Para ello se preparaba en lugar oportuno de la ciudad, fuera de las murallas, un estrado ricamente vestido con paños de seda y oro.
Llegado allí el cortejo se colocaba la Cruz sobre el estrado, de cara al pueblo. Estando todos de pié, el Obispo tomaba la Cruz en sus manos y mostrándola, cantaba en latín: “Dios te salve Rey”, cayendo todos de rodillas. Se levantaban luego y unánimemente suplicaban con melodías perfectamente conocidas y también en la lengua oficial de la Iglesia: Hijo de David, ten misericordia de nosotros”.
Repetíase esto por tres veces, arrodillándose, levantándose y elevando gradualmente la voz. Entonces aparecían en lo alto de las murallas los cantores entonando el “Gloria, alabanza y honra a Cristo Redentor”, himno que las rúbritas de hoy conservan en la procesión de la fiesta.
Se acercaban después a una de las puertas de la ciudad (quizás distinta cada año) y el Obispo, con el báculo en la mano, sostenía el siguiente diálogo con los cantores situados al otro extremo de la puerta que estaba cerrada : “Alzáos vosotras, las puertas eternales y entrará el Rey de la gloria” a la vez que golpeaba con el báculo. Los de dentro preguntaban: “¿Quién es ese Rey de la gloria?.
Se decían tres veces, cada vez en tono más alto, idénticas palabras.
A la tercera, el Pontífice afirmaba: ”El señor fuerte y poderoso, poderoso en las batallas”.
Las dueñas se emocionaban, los caballeros se repetían sus promesas de estar siempre alertados para la defensa del Rey de los cielos y la plebe disfrutaba participando activamente en la liturgia.
Al grito del Obispo se abrían las puertas de par en par y tras él penetraban en la ciudad Cabildo, clerecía, autoridades y pueblo que alborozadamente continuaban hasta la Catedral, ocupada ya en gran parte por los que deseaban contemplar a su sabor las restantes ceremonias.
Llegados al templo variaba completamente la decoración. Los Ministros cambiaban los ornamentos blancos por otros negros para celebrar la Misa de pasión.
El texto de la de hoy es absolutamente idéntico al que escuchaban los placentinos del XVI.
La última reforma litúrgica ha restablecido en carácter festivo de la procesión de palmas mandando usar vestiduras rojas y ampliando el recorrido en lo posible.
Igualmente, el nombre tradicional de “Domingo de Ramos” ha antepuesto el de “segundo de Pasión” acomodándose más el tono con que le celebraban nuestros mayores y registrado en el “Misal según la costumbre de la Iglesia placentina”.
Manuel López Sánchez-Mora
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MARCELINO PEÑASCO
EL POETA EXTREMEÑO
LAS SAETAS DE PEÑASCO
D. Marcelino Peñasco era uno de los personajes más atípicos de la ciudad, por sus ocurrencias originales, de joven estuvo trabajando en los ferrocarriles de la Patagonia, Argentina, ya de mayor, vivía en un cobertizo que le dejó D. Félix Matos, en la calle Nueva, esquina a la calle del Borrego de nuestra ciudad, era grueso y con los ojos saltones, vendía pipas y chucherías, y el mismo se llamaba el Poeta Extremeño.
En abril de 1928, cuando vino Alfonso XIII a las Hurdes, y visitó nuestra ciudad, se dirigió al Rey para darle las quejas de las anomalías de la ciudad con esta poesía: La luz de Plasencia es una porquería / se apaga de noche y se enciende de día / por eso la gente no quiere pagar / las 7 pesetas de electricidad.
Plasencia ya no es Plasencia / es una gran población / con Obispo y tó la hostia / y con coche a la estación.
Otra genialidad fue que se presentó un martes en la plaza con un arado y unos “zachos” (azadas), con el mango muy largo, dando las explicaciones de sus ventajas.
Otra idea era que tenían que poner árboles frutales en las orillas de las carreteras para así cuando pasara alguien pudiera coger sus frutos.
En la Semana Santa cantaba a los pasos.
3 saetas a la cena:
Ya vienen los de la cena con sus cucharas y los platos / no se que van a cenar / si lentejas o garbanzos.
Ya vienen los de la cena / con sus 13 comilones / si los coge la fiscalía / se la arma de cojones.
Ya vienen los de la cena / y nosotros sin cenar / y al perrito de san Pedro / que le traen sin atar.
Estas 2 a San Juan:
Ya viene san Juan de Dios / descalcito y sin andalias / esperando que le paguen / las horas extraordinarias.
Ya viene san Juan de Dios / con el dedito apuntando / y con la otra manita / el culo se va arrascando.
Otras 2 al Huerto de los Olivos:
Ahí vienen los del Olivo / cargadito de aceitunas / ya hay aceite pa tós / si no nos quitan ninguna.
El Huerto de los Olivos / es el paso más bonito / pero los olivos siempre / siempre son del señorito.
Esta era al Balcón de Pilatos:
Ahí viene Poncio Pilatos / el romano cabronazo / y el pobre del Redentor / escoñao a latigazos.
Esta al Cristo del Perdón:
Santo Cristo del Perdón / te lo pido de rodillas / que se mueran los del abastos / y se acaben las cartillas.
Y esta a la Dolorosa:
Y no vendrá cansá / porque no la traen andando / sino que la traen montá.
Una vez que se daban cuenta los municipales que Peñasco estaba cantando saetas, le detenían y le llevaban al cuartelillo y una vez acabada la procesión le soltaban
Luis Perez Calzas
EXTRAIDO DE: Periódico Nueva Comarca – nº 146 – febrero de 2008